"María tifoidea", la primera portadora asintomática de la fiebre que fue condenada a vivir 26 años en cuarentena
Boris Miranda (@ivanbor)BBC News Mundo
16 febrero 2020
Fue una de las mujeres más vilipendiadas en Estados Unidos a principios de siglo XX y su trágica vida se convirtió en un caso paradigmático de lo que son los portadores asintomáticos, aquellas personas que llevan los virus o bacterias de una enfermedad, pero que no muestran ningún síntoma de tenerla.
Mary Mallon contagió de fiebre tifoidea al menos a medio centenar de personas, de las cuales al menos tres murieron, y no fue sino hasta años después que se descubrió que ella era el elemento común entre los numerosos casos de contagio que desconcertaban a familias, autoridades y médicos en aquella época.
Una vez que se detectó que ella llevaba la bacteria infecciosa en su organismo, se convirtió en el primer portador asintomático identificado de la enfermedad que también es conocida como fiebre entérica.
Marginada y criticada, incluso llegó a cambiarse de nombre para seguir trabajando.
Finalmente fue conminada a vivir en una larga cuarentena hasta que murió.
Historia de una migrante
Mary Mallon era una inmigrante irlandesa que llegó a Estados Unidos en 1883, todavía siendo adolescente, para trabajar como cocinera y trabajadora doméstica.
Trabajó inicialmente en las ciudades de Nueva York y Long Island, donde se produjeron los primeros contagios y que hasta ese momento nadie los asociaba con ella.
Para 1907 ya eran 30 casos sin explicación alguna en la zona cuando se comenzó a rastrear las cadenas de transmisión de la enfermedad en búsqueda de la causa original.
Hasta ese momento, funcionarios de salud habían atribuido el insólito brote a diferentes factores como el agua o la comida.
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Mary Mallon provocó decenas de contagios de fiebre tifoidea.
Otro aspecto que alimentaba el desconcierto era que la fiebre tifoidea se presentaba por lo general en los suburbios y zonas pobres de Nueva York y no, como empezó a ocurrir, entre las casas de familias con buenos niveles de ingresos.
Familias que podían darse el lujo de tener una trabajadora doméstica o cocinera como lo era Mary Mallon.
Descubierta
En aquel entonces la ciencia ya había realizado diferentes avances respecto a los fenómenos epidémicos y se habían desarrollado vacunas contra algunas enfermedades infecciosas.
Sin embargo, la medicina estadounidense no conocía de caso alguno de un portador asintomático para males como la fiebre tifoidea.
Por ello se barajaron diferentes hipótesis antes de que se estableciera que el origen del brote podía ser una persona capaz de estar años transmitiendo la bacteria de la enfermedad sin presentar ni un síntoma febril y, además, sin saberlo.
George Soper fue el funcionario del Departamento de Salubridad de Nueva York que comenzó a sospechar de Mary tras la aparición de nuevos casos en una casa en Park Avenue de Manhattan en 1907.
El médico epidemiólogo detectó que la mujer trabajó con aquella familia y luego logró establecer que los anteriores brotes se dieron en domicilios donde ella también había trabajado.
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En 1907 se detectó que Mary Mallon portaba la bacteria que provoca la fiebre tifoidea.
Una vez Soper pudo practicar un examen a Mallon detectó en sus desechos la presencia de la bacteria Salmonella que transmite la fiebre tifoidea.
Solo se pudieron realizar los análisis tras la intervención de funcionarios del Departamento de Salubridad y algunos policías.
Muchos años después, el mismo médico relataría lo difícil que fue lograr aquella muestra de parte de la mujer, a la que describió como alguien de mal carácter, obstinada y muy solitaria.
Aislada
Una vez establecida la condición de Mallon, el caso ganó amplia notoriedad en medios neoyorquinos.
Y las autoridades locales tampoco ignoraron el caso de la mujer capaz de transmitir la fiebre tifoidea de forma indefinida.
Después de pasar semanas en un cuarto aislado de un hospital, se determinó que sería llevada a un centro médico en una pequeña isla para que comenzara su periodo de cuarentena.
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El temor a la fiebre tifoidea en Estados Unidos a principios del siglo pasado multiplico las medidas de control a los recién llegados.
Durante tres años (1907-1010) vivió en una cabaña anexa donde le llegaban alimentos para que ella pudiera cocinarlos y comerlos sola.
Para ese entonces, la prensa local ya la había rebautizado como Typhoid Mary (María Tifoidea, en español) y ya se escribían artículos sobre ella y artículos especializados sobre salud.
Mallon nunca reconoció culpa alguna por los contagios e intentó recuperar su libertad durante sus tres años de aislamiento.
Finalmente logró su objetivo a principios de 1910, con la condición de nunca volver a trabajar como cocinera ni manejar los alimentos de nadie.
Nueva identidad
Durante cinco años y con dos diferentes nombres, Mary Mallon trabajó en diferentes lugares como cocinera y era solo cuestión de tiempo para que un nuevo brote de contagiados apareciera
Sucedió nada menos que en un hospital, donde de manera súbita 20 internados desarrollaron cuadros de fiebre alta.
Nuevamente fue el doctor Soper quién estableció que la mujer era el origen del brote.
Pese a que en los archivos del centro médico aparecía un nombre y una firma era diferente, el funcionario reconoció el tipo de letra de Mallon.
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La fiebre tifoidea se caracteriza por aumentos de la temperatura corporal, dolor en el abdomen y en la cabeza con posibles complicaciones.
Así, en 1915, empezaron otros 23 años de cuarentena, los que solo concluirían con la muerte de la portadora asintomática.
De nuevo en la cabaña y de vuelta cocinando para ella sola. Paradójico designio.
En 1932, Mary Mallon sufrió un accidente cerebrovascular que derivó en una parálisis.
Murió seis años después, a los 69 años.
Todavía se discute si hubo o no hubo autopsia y, más importante, si la bacteria seguía o no en sus restos.
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La curiosa historia de cómo el movimiento antivacunas nació hace 150 años en Inglaterra
Greig WatsonBBC News
La oposición a la vacunación es tan antigua como las vacunas mismas.
La desconfianza hacia los médicos y el gobierno que alimenta el movimiento antivacunas puede parecer un fenómeno moderno, pero las raíces del activismo actual se plantaron hace más de un siglo.
A fines del siglo XIX, decenas de miles de personas salieron a las calles en oposición a las vacunas obligatorias contra la viruela. Hubo arrestos, multas y algunas personas incluso fueron enviadas a la cárcel.
Se blandieron pancartas que exigían "Revocar las leyes de vacunación, la maldición de nuestra nación" y aseguraban que era "Mejor celda de prisión que bebé envenenado".
Transcripciones de las leyes odiadas fueron quemadas en las calles y se linchó la efigie del humilde médico rural al que se atribuyó el programa de prevención de la viruela.
Advertencia - esta historia contiene imágenes que pueden herir tu sensibilidad
En el apogeo de esta pelea, la gente de Leicester, una ciudad en las Midlands -o Tierras Medias- inglesas, afirmó haber encontrado una alternativa a la vacunación, método que los activistas siguen citando hoy.
Las ondas sísmicas que provocó esta tormenta de ira antiestablishment se expandieron mucho más allá de las calles de Leicester y del grupo que las generó, formado hace 150 años.
Derechos de autor de la imagenGetty ImagesImage caption El "monstruo moteado": en este pie preservado se pueden ver los efectos de la viruela, que devastó a culturas enteras. La viruela, conocida como el "monstruo moteado" debido a sus distintivas erupciones en forma de ampolla, había matado a millones desde la época medieval. Llegó a ser la principal causa de muerte en Europa, matando a 400.000 personas cada año. En América devastó a tribus nativas, y culturas enteras colapsaron.
Un tercio de los sobrevivientes quedaba ciego. Casi todos los que no morían tenían cicatrices de por vida.
Entonces, ¿por qué una solución barata y aparentemente efectiva -la vacunación- amenazó con desgarrar a la sociedad?
La historia comienza en 1798 cuando el médico de Gloucestershire Edward Jenner probó con éxito que era cierta la creencia tradicional de que inocular con una dosis leve de viruela bovina brindaba protección contra la viruela.
Cinco años más tarde, el descubrimiento de Jenner se estaba utilizando en toda Europa y una década después se había vuelto global.
Pero la oposición fue rápida y salvaje. ¿Por qué?
Derechos de autor de la imagenWellcome TrustImage caption Edward Jenner desarrolló la vacuna contra la viruela en 1798. "Surgió desde una variedad de ángulos: el sanitario, religioso, científico y político", dijo la historiadora médica Kristin Hussey.
"Algunos sintieron que el método, que usaba material obtenido de las vacas, era insalubre o poco cristiano, ya que usaba materia de criaturas inferiores".
"Algunos disputaban el hecho de que la viruela se transmitiera de persona a persona. Pero muchos simplemente se opusieron a que se les dijera lo que era bueno para ellos".
Lo que siguió fue una batalla de 100 años entre las autoridades y un público que a menudo era escéptico y a veces era agresivo.
En Gran Bretaña, una sucesión de leyes hizo que las vacunas fueran gratuitas y luego obligatorias, lo que era respaldado por multas e incluso penas de prisión.
Si bien estallaron disturbios en algunas ciudades, también hubo una oposición más moderada, en forma de ligas contra la vacunación.
Para una población cada vez más alfabetizada, se produjeron panfletos con títulos como "Vacunación: sus falacias y males", "Vacunación, una maldición" y el adecuadamente gótico: "Horrores de la vacunación".
Derechos de autor de la imagenWellcome TrustImage caption En esta caricatura, la vacunación fue representada como una monstruosa vaca enferma, que se alimenta de niños. Según Hussey, "en términos modernos, fue un momento muy 'despierto'".
"La gente hacía preguntas sobre los derechos, especialmente los derechos de la clase trabajadora. Había una sensación de que las clases altas intentaban aprovecharse, un sentimiento de desconfianza".
"Por primera vez se actuaba sobre un área de la vida privada de las personas: su salud, que no había sido gobernado antes".
"Y las vacunas no eran tan seguras como lo son ahora: algunas personas se enfermaron gravemente e incluso murieron. Si hubiera estado viva en ese momento, también habría sido cautelosa con las vacunas".
Los partidarios de la vacunación resaltaban la disminución de las tasas de mortalidad y los brotes menos fuertes de la enfermedad, mientras que los opositores destacaban los brotes continuos y los terribles efectos secundarios de la vacuna, como los abscesos y las infecciones cruzadas.
En ese momento la inmunización todavía estaba en su infancia y el material de la viruela bovina producida naturalmente variaba en calidad.
Es más, tardó décadas darse cuenta de que la vacuna no proporcionaba inmunidad de por vida, mientras que los procedimientos torpes podían provocar infecciones secundarias, como la sífilis, hepatitis y tuberculosis.
Liga antivacunas
La Leicester Anti-Vaccination League (Liga antivacunas de Leicester) se creó en 1869, pero la estrategia que sería elogiada por aquellos que se oponen a la vacunación llegó en 1877, e irónicamente, surgió del propio establecimiento médico.
Derechos de autor de la imagenGlobal Freedom MovementImage caption Los sitios y grupos antivacunas suelen citar el origen del movimiento en la ciudad inglesa de Leicester. El médico forense de la ciudad obligaba a que se reportaran los casos de viruela. Luego aislaba al paciente, ponía en cuarentena a la familia y desinfectaba -y a veces quemaba- sus pertenencias.
Originalmente diseñado como algo que se hacía a la par de la vacunación, la Liga lo promovió como una alternativa, y el llamado "método Leicester" se tornó en un desafío creciente.
El escritor científico Jason "El hombre de los gérmenes" Tetro ve fuertes ecos en la controversia de hoy.
"Solemos escuchar que los derechos civiles son un factor importante en los argumentos de los detractores", dijo. "Sienten que el gobierno está imponiendo demasiadas restricciones a sus libertades al imponer vacunas obligatorias".
"Esto es similar a lo que se escuchaba en Leicester. Sin embargo, la decisión en ese entonces fue eliminar los derechos individuales por el bien de la población".
"Esa era la ley. No estoy seguro de cómo se tomaría eso en el mundo de hoy".
En Leicester, el número de procesados por no vacunarse aumentó de dos en 1869 a 1.154 en 1881 y alrededor de 3.000 en 1884.
Las cifras para la segunda mitad de 1883 mostraban que de 2.281 nacimientos en esa ciudad, solo 707 bebés fueron vacunados.
Derechos de autor de la imagenGetty ImagesImage caption Las autoridades buscaron imponer la vacunación, lo que generó algunas situaciones violentas. Los casos judiciales proporcionaron publicidad incendiaria para el movimiento antivacunas.
En marzo de 1884, el local George Bamford testificó ante los magistrados que sus tres hijos mayores habían sido vacunados. Dos habían estado en cama durante días y un tercero había muerto.
Por negarse a vacunar a su cuarto hijo se le ordenó pagar 10 chelines, la mitad del salario semanal promedio, o pasar siete días en prisión. Las multas se aplicaron ferozmente. En una ocasión, policías que querían cobrarle una multa a un tal Arthur Ward amenazaron a su esposa embarazada con ir a prisión. La discusión la llevó a tener un parto prematuro y el niño nació muerto.
En octubre de 1884, la Junta de Guardianes de Leicester solicitó a las autoridades de Londres que aflojaran con los procesamientos, a la luz del método Leicester.
La solicitud fue rechazada, lo que preparó el escenario para una protesta masiva en la ciudad, en 1885.
Aunque pacífica, la escala de la manifestación sacudió al establishment. Los profesionales médicos temían por la ciudad no vacunada, prediciendo que "una terrible némesis la alcanzaría, en la forma de una epidemia desastrosa".
La viruela regresó debidamente entre 1892 y 1894. Y el resultado sorprendió a muchos.
Derechos de autor de la imagenJenner TrustImage caption Dos hermanos, uno vacunado y otro no, fotografiados en el pabellón de aislamiento en el hospital de Leicester. Leicester en realidad la sacó bastante barata, con 370 casos -una tasa de 20,5 casos por cada 10.000 habitantes-, resultando en 21 muertes. Fue una cifra mucho más baja que la de algunas ciudades con buenas tasas de vacunación, como Warrington (125) y Sheffield (144).
Los antivacunación se sentían triunfantes, alegando que se había comprobado la eficacia del método Leicester.
Dice Tetro: "El supuesto éxito maravilloso del método Leicester se basó en el hecho de que utilizó un sistema probado de notificación y cuarentena, en combinación con el beneficio de la hospitalización, cuyo personal sanitario había sido vacunado".
"En una población pequeña esto puede funcionar, pero a medida que la población crece, este método se vuelve insostenible", asegura.
"Esto se vio en 1893 cuando la gente tuvo que quedarse en casa en lugar de ser atendida en un hospital durante una epidemia que provocó cientos de infecciones".
En contraste, en Londres, donde la vacunación era generalizada, hubo éxito en contener la viruela, con 5,5 casos por cada 10.000 personas.
Y algunos lugares con poca vacunación, como Dewsbury (339 casos) y Gloucester (501), fueron gravemente afectados.
Derechos de autor de la imagenWellcome TrustImage caption Un niño no vacunado con viruela en 1896 en Gloucester, donde había bajas tasas de vacunación. Sobrevivió, pero docenas murieron. Leicester tuvo la mayor proporción de casos -más de dos tercios- en menores de 10 años.
No obstante, los titulares y las protestas, junto con una creciente comprensión de cómo se propagan las enfermedades, dieron lugar a un cambio significativo.
En 1898, una nueva Ley de Vacunación introdujo una cláusula que permite a las personas optar por no vacunarse por razones morales, la primera vez que la "objeción de conciencia" fue reconocida por ley en Reino Unido.
Al año siguiente, la notificación de diversas enfermedades infecciosas, incluida la viruela, se hizo obligatoria. Y aunque la viruela regresó a Reino Unido a principios del siglo XX, nunca supuso la misma amenaza.
A medida que se extendió el uso de vacunas, junto con un saneamiento mejorado, la viruela fue expulsada de Europa y América del Norte.
Un programa de erradicación global de la Organización Mundial de la Salud (OMS) se lanzó en 1959 y se intensificó en 1967. Además de una muerte vinculada a un laboratorio de Birmingham, el último caso se registró en Somalia, en 1977.
Derechos de autor de la imagenGetty ImagesImage caption Gracias a un programa global de vacunación, la viruela fue erradicada en la década de 1970. Sin embargo, la oposición a las vacunas, con cuestionamientos sobre su eficiencia y seguridad, continúa. Algunos activistas aun citan el método Leicester como evidencia de que la sociedad puede hacer frente a las enfermedades sin tal intervención.
Las campanas de alarma sonaron recientemente con la noticia de que las vacunas de rutina para menores de cinco años cayeron el año pasado en Reino Unido.
La vacunación obligatoria todavía se debate con amargura. Partes de la profesión médica, como el Colegio Real de Pediatría, creen que sería contraproducente y haría que la gente sospeche más.
A principios de este año, la OMS declaró "las dudas y el rechazo a las vacunas" como una de las 10 principales amenazas para la salud mundial.
Owen Gower, gerente de la Casa Museo de Jenner, reflexionó sobre el legado del médico rural.
"Se han evitado innumerables muertes y la incidencia de las graves cicatrices y ceguera que la enfermedad podría causar, gracias al descubrimiento de Jenner y su determinación de contarle al mundo al respecto".
"Ahora tenemos la oportunidad de hacer lo mismo con otras enfermedades. Otras vacunas, desarrolladas después de la muerte de Jenner, salvan aproximadamente de dos a tres millones de vidas cada año".
"El legado de Jenner es un mundo en el que no tenemos que vivir con miedo a terribles enfermedades infecciosas".
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